Soy el Agente 13
Conoceme...
Es temprano y el frío de junio nos obliga a encontrarnos en un café céntrico. Yo espero. Creo que llegué un poco temprano. Tal vez sea la ansiedad; tal vez el deseo de encontrarme con el personaje que yo mismo contraté, pero al cual aún no le conozco ni el rostro, ni su verdadera identidad.
La gente que entra al bar, pide con una seña cómplice el cortado al mozo y se quitan el abrigo. Entra el dueño de la relojería, el candidato de turno, el secretario del juez, el encargado del boliche. Sólo falta la persona que espero. Mi Agente 13 encubierto, que hoy dejará la máscara con la condición de seguir siendo lo que construyó durante casi dos años: el A-13.
Yo preparo mi libreta. Anoto el día, la hora y el lugar en el que me encuentro. Chequeo que todo esté bien: el lápiz, el grabador, el sobre con el dinero que voy a pagarle al columnista por revelar su nombre. Llega el café y aprovecho para pedir que limpien mi cenicero. Sigo al mozo con la mirada y en el trayecto obligado me encuentro con él. Es el hombre que espero. Es el A-13.
Pienso que lo imaginaba más grande, más alto. No se lo digo por temor a ofenderlo. Ya lo tengo frente a mí. No vale ni un centavo. Tampoco se lo digo.
“Encantado de conocerte”, empiezo yo. “¿Te puedo tutear?”. Dice que no y en seguida me pregunta por el sobre. Entonces se lo doy sabiendo que es la única forma de concretar la misión. Todo es normal, salvo la bolsa de papel madera que lleva en su rostro. Sólo veo su ojo izquierdo a través de un círculo perfectamente recortado.
La Comisión: ¿Vamos al grano o le interesaría repasar lo que ocurrió el último sábado?
Agente 13: Ese es mi trabajo. Así que quisiera decir algunas cosas.
LC: Si así lo prefiere…
A13: No es que lo prefiero. Dije que es mi trabajo. ¿Sos sordo…?
LC: Lo escucho señor…
A13: Lo primero que tengo que decir se cae de maduro: no les puede ganar un equipo que juega sin arquero. Aunque ustedes no se quedan atrás, juegan sin defensa y Errandis se olvida de sacar la soga que le pone la mujer para que no salga. ¡Pero es para que no salgas de joda, en el área podés salir, Juan!
No entendí el cambio de Carretito. ¿Entró para marcar al más rápido de ellos? ¿Querían perder, no? ¿Cuántas fechas le dieron al Mono? ¿Y a Peto? ¿Y a María?
Ya lo dije mil veces, este equipo de nenas lloronas no pude salir campeón. Y menos ahora que según mis proyecciones el campeonato lo gana Bar Lo De Pipi. Con suerte van a arañar un trofeíto. Lo que pasa es que para salir campeón no basta con hablar, hay que jugar. No basta con planificar la fiesta, hay que ganar. Y ustedes se creen campeones antes de serlo, así les va a ir.
Hasta la próx… perdón, me olvidé que estaba hablando con Usted.
LC: ¿Por qué es tan duro con los jugadores?
A13: Por varias razones. Un poco por envidia, me gustaría estar ahí. Hace mucho que dejé el fútbol. Mi físico dijo basta y no es que sea viejo, pero las continuas lesiones me alejaron de las canchas. Además creo que con mis limitaciones técnicas yo podría hacer mejor las cosas que más de uno de los que integran el equipo. Por lo menos pondría más ganas. Sus partidos no se pueden ver. Hacen mal a la vista. Y por último, soy tan duro porque me contrataron para eso. Para blandos están Usted y La Plática.
LC: Si, como usted dice, le molesta tanto ver los partidos… ¿por qué no renuncia?
A13: Porque soy un profesional, porque me sirve de terapia y porque es la excusa perfecta para irme un rato de mi casa.
LC: Ahora, si me permite, quisiera que me anote en esta servilleta su nombre…
Casi como en un episodio de otra película, el A13 hace caso. Toma mi lápiz, acomoda el papel y lo inclina como si se preparara para firmar un autógrafo. Después me mira, me guiña el ojo y se levanta. Se pone el abrigo del cliente de al lado y camina hacia la puerta...
Allá se va. Un grande, aunque sea “Chiquito”. Aunque nadie antes haya imaginado que detrás del personaje, asomaba sin dejarse ver… el mismísimo Walter Acenso.
La Comisión